GuillermoBellido09A Guillermo Bellido Yábar

Julio Gilberto Muñiz Caparó

El jueves 2 de diciembre, a las 7.30 horas entró, como de costumbre, la llamada del director de producción de la radio, Roberto Dongo.

Era la hora de mi participación en el *Diario de la mañana* en Estéreo Sur 91.3 FM, para comentar, como lo hago rutinariamente, sobre los acontecimientos del día. Don Gilberto, me dijo, lamento comunicarle que ha fallecido su amigo Guillermo Bellido Yábar. Lo entierran hoy en Lima, agregó. Casi al mismo tiempo escuché la voz del Director de Noticias Daniel Ormachea, entregándome la posta del día. Ya no me quedaba tiempo ni siquiera para respirar. Estaba en el aire y con el teléfono a la mano. Sentí que me faltaba aliento y que me asaltaba un torbellino de recuerdos mezclados con la impotencia de no saber a qué atinar. Con voz temblona, sin poder desamarrar el nudo que se me había hecho en la garganta, dije totalmente quebrado: *Amables oyentes, acabamos de enterarnos del sensible fallecimiento del entrañable amigo, hermano, paisano, colega, correligionario, Guillermo Bellido Yábar. En esta hora de dolor, queremos dejar constancia, a viva voz, de nuestro sentimiento de pesar y angustia por tan triste noticia. Guillermo, amigo de toda la vida, te has ido sin pedir permiso, pero no te llevas todo, nos dejas tu alma vigorosa y aguerrida y también nos dejas las bellas remembranzas que supiste sembrar a los largo de estos años de amistad imperecedera. Ni siquiera nos has dado tiempo para decirte cuanto te hemos querido, ni siquiera nos has dejado un poco de tu resuello para seguir pensando como pensábamos y para seguir haciendo lo que hicimos juntos en la profundidad de nuestra vieja amistad bendecida por la santa tierra. Querido hermano Guillermo, estaremos contigo, como ayer, como hoy y como siempre. Que Dios te tenga en su santa gloria. No pude decir más, aunque ganas tenia de gritar y hasta de insultar a la vida que le pone a uno pruebas tan difíciles de sobrellevar.

Guillermo Bellido Yábar ha muerto, es verdad. Se ha callado una voz humana, una voz cusqueña que nunca renunció a decir su verdad, costara lo que costara. Siempre estuvo dispuesto a defender sus puntos de vista con las armas de la persuasión y el don de gentes que lo caracterizaba. Guillermo era una persona con la que se podía pensar en voz alta, como diría Arnold H. Glasow, sin tener miedo a serle discrepante, porque con la misma fuerza que defendía sus ideas, sabía aceptar y reconocer las ideas de otros. Con Guillermo, en la tertulia, no se mataban las horas, más bien se vivían con intensidad meridiana. Sabía ser amigo. Se hacía respetar y respetaba. Se hacía querer y entregaba sin tapujos su confianza que desde luego era recíproca.

Guillermo Bellido Yábar fue un hombre dinámico, emprendedor, generoso y bohemio, un ser humano hecho en las canteras sustanciosas de la pacha mama, que dedicó todos los años de su fructífera vida a servir al Cusco, su amada tierra. Lo hizo sin retaceos, ocupando los más altos cargos que la sociedad le confió y a los que honró como sólo saben hacer los hombres de buena voluntad y de sana intención. Periodista de pluma ágil y brillante que se deslizaba con gran vuelo en el Diario El Sol de Cusco donde fue su ilustre Director en épocas muy difíciles y columnista de varios periódicos de Lima donde dejaba sentada su indeclinable vocación democrática. Lector impenitente, conversador como pocos, hombre de vastos conocimientos, viajero empedernido, profundo conocedor del arte andino que coleccionaba y guardaba con celo irreprochable, hombre de muy buenos gustos y de un trato exquisito que le permitía ganar amigos a raudales. No había coctel que él no supiera preparar y degustar con la solvencia y la delicadeza de todo un gentil hombre. Buenas horas de su vida las dedicó al precioso deporte de la pesca donde apacentaba su alma y templaba su espíritu que nadaba libre como si fuera viento.

 

Guillermo Bellido Yábar, desempeñó cargos muy importantes al servicio de la Banca y Comercio del Cusco. Fue Presidente del Banco de los Andes, entidad financiera regional que marcó época en los años setenta y tuvo singular ejercicio en la actividad económica del departamento, asumiendo la Presidencia de la Cámara de Comercio del Cusco en el periodo 1970 -1971. Tuvo también a su cargo la Dirección Regional de Turismo, sembrando pautas que definieron el crecimiento sostenido de la industria sin chimenea cusqueña. En tales circunstancias, fue llamado por su partido político Acción Popular para cubrir una postulación como Diputado Nacional por el Cusco, cargo al que el pueblo lo elevó en las elecciones generales de 1980, fecha en que asumió la jefatura de estado por segundo periodo el presidente arquitecto Fernando Belaunde Terry. Entre 1980 y 1985 fue un excelente diputado, cumpliendo con singular éxito las tres tareas que le encomendara el pueblo al elegirlo, es decir: legislar, fiscalizar y representar al Cusco ante el Congreso de la República. Redactó, fundamentó y consiguió la aprobación de la ley general de Industrias 23407 en su condición de Presidente de la Comisión de Industria, Turismo e Integración de la Cámara de Diputados del Perú. Respaldo sin ambages todas las iniciativas de sus colegas parlamentarios y fue un cáustico defensor de su tienda política enfrentándose sin temores pero siempre con hidalguía a los miembros de la oposición en el Congreso. Defendiendo los intereses del Cusco, presentó muchos proyectos de ley y mociones de orden del día y participó con marcada pasión democrática en las plenarias de la Cámara de Diputados como del Congreso de la Republica. Terminada su gestión parlamentaria, en 1985, se dedicó a escribir y a seguir cultivando amistades, participando con gran fuerza y vigor como columnista en diarios y revistas de Lima.

 

Guillermo, querido hermano del alma, aquí estamos tus amigos, sin ti pero contigo, porque sabemos que la vida es un pequeño paso, el que tú diste, tan corto pero tan eficaz. No has vivido en vano, querido amigo. Ahora que cambiaste de ruta, algo bueno tienes que estar haciendo allá donde moras. Algo más tendrás que decirnos cuando nos volvamos a encontrar. Mientras eso acontezca, camina firme en el trecho que te toca andar y que Dios te bendiga. Hasta siempre amigo del alma.

 

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