Ines-2Gobernar bien implica gestionar y concertar

Las Regiones  no son solo un presupuesto, y las elecciones son solo una parte de la democracia.  La verdadera democracia se refleja en las instituciones y las personas que las componen. Un verdadero líder ya no puede gobernar solo.

Entrevista a Inés Fernandez Baca
Directora de COINCIDE

Por Patricia Marín

¿Qué es Coincide?

Coincide es una coordinadora, una plataforma de Organizaciones no gubernamentales de desarrollo conformada hace más de 21 años. En este momento somos 7 los organismos que lo conforman, con el propósito de influir en el desarrollo regional. Nuestras socias tiene trabajos localizados en algunos distritos y localidades, pero nuestro interés es hacer sinergias entre instituciones para poder aportar más al desarrollo regional.

 

¿Qué rol cumplen en este momento las ONG en el Cusco?

En realidad están en un momento de redefinición. Personalmente  creo que desde que empezó el proceso de descentralización se ha dado un cambio, y las ONG tienen que adaptarse poco a poco. Durante mucho tiempo cumplieron un rol muy importante ante la ausencia del Estado, e implementaron proyectos de desarrollo. Con el inicio del proceso de descentralización, hay una inyección financiera importante hacia a los gobiernos regionales y locales, y ese rol, más bien proyectista, que asumieron las ONG, ya no es tan válido. Ahora tienen un rol más propositivo que consiste en ver cómo apoyar  la  gestión concertada  del desarrollo local y regional.

 

¿A qué le llama gestión concertada del desarrollo?

 

Es ver cómo se pueden fortalecer los espacios de diálogo entre entidades del Estado, Gobiernos regionales, locales y la sociedad civil.

 

¿Podría mencionar espacios concretos?

 

Sí. Podríamos hablar concretamente sobre la Mesa de Concertación de lucha contra la pobreza, que está presente en todo el país, departamentos, provincias; el Consejo de Coordinación Regional, que también se conforma   gracias a la Ley  de Descentralización, y hay varios espacios de concertación  en sectores como salud, educación,  agropecuario, etc. a los que el Gobierno no les da el peso que debieran tener.

 

¿A qué se debe eso? ¿A que no hay diálogo entre la ONG y el Gobierno?

 

Hay un acercamiento cada vez mayor, pues los espacios de concertación no solamente son las ONG sino también diversos organismos sociales, pero aún hay códigos diferenciados, experiencias distintas. Creo que estamos avanzando. Tenemos siete años de descentralización, los gobiernos regionales son muy recientes, y creo que en ese sentido el trabajo ha sido positivo, pues se están haciendo esfuerzos conjuntos, sobre todo para la elaboración de planes de desarrollo. Todavía no tenemos experiencias muy claras de cogestión del desarrollo, es decir de hacer proyectos conjuntos entre el Estado y la sociedad  civil, pero avanzamos  en esa línea.

 

¿Cuando  habla de la sociedad civil, debo entender que esta se expresa mediante las Mesas de Concertación, o la Mesa de Concertación expresa a las ONG?

 

Estoy entendiendo que la sociedad civil es un espectro muy amplio de organizaciones de jóvenes, mujeres, empresarios, etc. Por ejemplo, en la Mesa de Concertación de lucha contra la pobreza su comité está compuesto en un 50% de entidades del Estado, y su consejo directivo  tiene un porcentaje igual de la sociedad civil, por ejemplo están la Federación de Trabajadores, las Federaciones Campesinas, las ONG, el gremio empresarial, etc.  Lo mismo pasa con el Consejo de Coordinación regional. Son espacios muy interesantes, a los que, como digo, no se les da fuerza suficiente. Todavía prima el estilo de gobernar solo, el desarrollo no se va a poder lograr si no se convoca al conjunto de estas organizaciones.

 

¿Los políticos no entienden estos espacios de diálogo  surgidos  desde diversas instancias, o es que las posiciones políticas de las instancias son incompatibles con las de los políticos?

 

Yo creo que son las dos cosas. Hay aún una manera tradicional de gobernar, sea cual fuera el partido de gobierno: el que está a la cabeza gobierna con todas las potestades. Y si se tienen en cuenta  a otras instancias, es por obligación legal, pues la ley les obliga a que  debe haber un presupuesto participativo. Entonces aplican ese mecanismo como un mero cumplimiento.  Valorar a todas  las instancias requeriría que los gobernantes, en lugar de solo hacer lo que ellos creen, convoquen, concierten, den lugar a acuerdos y consensos. Eso es hacer buena política.

 

Necesitamos un cambio de mentalidad en los políticos

 

Sí. De manera muy importante. Pero, además, hay que tener en cuenta que cuando se abre el espectro de gobierno, hay muchas más miradas y, lamentablemente, surge el  temor de ser fiscalizados.

 

Con el auge de la Minería, y especialmente en Cajamarca, se polariza el rol de las ONG  y el Estado, ¿cómo se ha sentido ese proceso en el Cusco?

 

Como actividad minera grande tenemos  a Tintaya, que no ha sido una mala experiencia, incluso es un ejemplo interesante en lo que se refiere a negociación de la empresa con la población. En cuanto a la pequeña y mediana empresas, que son áreas concesionadas, ellas recién están comenzando la explotación. No sentimos todavía esta confrontación, la observamos. Pero va a venir definitivamente. Y la negociación con ellas será más difícil que con la gran empresa, debido a su dispersión.

 

¿Cómo ha sigo la experiencia de Camisea?

 

Camisea ha sido una negociación del  Gobierno Central con las empresas; los Gobiernos Locales y Regionales no han tenido mayor intervención ni conocen los términos del contrato, ni han aportado en ese sentido. Y esa es la razón de la protesta del Gobierno Regional, el  de no haber participado en el proceso.

 

Al margen de cómo se haya dado la negociación, que data de 20 años aproximadamente, hay una consecuencia fehaciente, que es el canon.  Y este está en manos de los gobiernos regionales y locales. La Mesa de Concertación, ¿ha tenido algún tipo de negociación, respecto a la administración de esos fondos, con los gobiernos mencionados, y no por cuanto le toque sino más bien por cómo se gasta?

 

La Mesa de Concertación de lucha contra la sugiere políticas,  concierta políticas, establece metas. A ese nivel sí hay un proceso de negociación. Lo que se busca es que este porcentaje de canon, que en realidad es altísimo y básicamente lo que reciben los Gobiernos Regionales y Locales, sea más eficientemente  gastado. Participamos  en la instancia que es el  Presupuesto Participativo. Lo interesante de esta última campaña electoral regional y local, es que se firmó un pacto con todos los partidos impulsado por el Grupo Impulsor de la Descentralización. No es un acuerdo genérico. Se basa sobre metas a alcanzar en torno a la desnutrición, la mortalidad materna, por ejemplo;  pero también sobre logros educativos, que son temas sociales; especialmente, sobre metas de cómo se va a reducir la pobreza en determinado lapso. Estos son instrumentos más interesantes porque ya estamos obteniendo acuerdos más precisos.

 

¿Han tenido los candidatos un compromiso de respeto o ejecución, respecto a los acuerdos?

 

Una voluntad política de llegar a cumplir esas metas. Pues ahora sí tenemos metas regionales. Si uno compara lo que fue el acuerdo con el primer Gobierno Regional, ese era más bien una declaración de principios. En cambio este ha sido muy preciso, por ejemplo cuánto hay que aumentar el nivel de inversión en el agro. Además evidencia cómo está evolucionando la visón de los gobiernos, pues cuando estos empezaban su objetivo eran los mega proyectos por sí mismos, a veces irreales y que no tenían mucha relación con la población. Lo que ahora estamos viendo es que se está priorizando temas sociales como la educación, salud, agricultura, es decir aquellos aspectos que sí impactan directamente en la población, que es lo  que llamamos desarrollo. Antes se pensaba que al desarrollo se llegaba por el tema de la competitividad. Entonces sí hay cambios, pero todavía, por supuesto hay mucho por hacer.

 

Hay avances sin duda, pero el proceso es muy lento, ¿a qué se debe?

 

Sí. En realidad el proceso es más largo de lo que habíamos pensado. Imaginábamos que la integración macro regional  se iba a dar casi de inmediato y no se ha dado y dependerá de la voluntad de los gobiernos corregir eso. No va haber un proceso de regionalización real si es que no hay una articulación de las regiones, porque cada departamento es una isla y así no se avanza. Y este es uno de los problemas más serios.

 

¿Cómo cree que se debe dar ese proceso?  O en todo caso ¿cuáles son sus requisitos?

 

Se está dando en el Norte. Internort, por ejemplo, tiene experiencias interesantes de ejecución  y planificación conjunta de  proyectos. Pero en el caso de Región Sur es muy lento. Por ejemplo, los conflictos que tienen enfrentados a Cusco y Arequipa, como el Proyecto Majes. Cusco y Arequipa son los que tienen liderazgo en le Región Sur, y si ambos no se ponen de acuerdo, eso va a demorar  mucho. También hay conflictos entre  Moquegua y Puno, igualmente por el recurso agua, además de conflictos limítrofes, pero se ha avanzado en la conformación de la Junta de Coordinación Interregional de Sur. Pese a los conflictos se ha llegado a ese acuerdo. En el Caso de Cusco, no sabemos cuál será la voluntad de  Acurio para alentar esta articulación.  El proceso es más lento de lo que pensamos, pero al final van rendir sus frutos. Se están generando redes sociales, cosa que no había antes, hay un mayor esfuerzo de articulación entre las propias ONG por ejemplo.

 

¿Cuál ha sido el rol de la empresa privada hasta este momento?

 

Creo que las empresas han jugado su propio partido. Esto puede ser responsabilidad de los propios gremios empresariales, aunque también de los organismos del Gobierno que no han sabido convocarlos. Uno nota, dependiendo de quién está en el liderazgo, por ejemplo, que en la Cámara de Comercio sí ha habido esfuerzos; por ejemplo, se han comprometido en cosas muy concretas, como el tema aeropuerto y el turismo, es decir, temas que a ellos les conciernen. Pero aún no entran en esta dinámica de concertación y diálogo, sino que se reúnen entre ellos, y  buscan una interlocución directa con los gobiernos, que en algunos casos les funciona y en otros no. Por tanto no veo que haya una presencia muy significativa por el lado de la empresa.

 

¿Qué significaría para la empresa privada que haya un fortalecimiento regional?

 

Es fundamental para ellos, por ejemplo en una actividad como el turismo.

 

A la qué los conflictos sociales afectan más que a cualquier otro rubro de la economía....

 

Así es. De hecho, debiera haber una mirada más cercana a lo que está pasando, un compromiso mayor con el desarrollo integral de la Región,  pues es vital para el desarrollo de la empresa.

 

¿Y la Mesa de Concertación se ha acercado  a la empresa privada?

 

Un miembro de la Mesa es la Cámara de Comercio, incluso formaron parte de las comisiones para negociar el tema del empleo. También en la comisión organizada para ver el tema de la primera infancia, la empresa tuvo un rol muy importante e hizo propuestas para trabajar todo lo relacionado con el infante hasta los  cinco años. Inclusive se abrió la posibilidad de que dieran recursos para realizar eventos y otro tipo de actividades, pero esta posibilidad quedó allí. No se sabe si se va a pasar del acuerdo a la ejecución y va a concretarse.

 

¿Los partidos políticos han tenido un acercamiento o representación en la Mesa de concertación?

 

En principio no está definida la presencia de los partidos políticos, pero en realidad, como sabemos, estos no existen. Son movimientos que aparecen en etapas electorales, pero que luego no tienen ninguna vigencia, no tienen interlocutores políticos a lo largo de los períodos post elecciones.

 

¿Ni la izquierda ni el APRA, que son los partidos más representativos en nuestro medio?

 

Ninguno. El APRA incluso está más debilitado en la región que a nivel central o nacional. La UPP que era la otra fuerza, luego de fortalecerse obteniendo gobiernos regionales y varios gobiernos locales, se ha debilitado como partido y ya no existe como tal; el Ollantismo, que es más un movimiento, está empezando. Lo que vamos constatando en la región es que los que llegan al poder no fortalecen a sus partidos, todo lo contrario los debilitan o desprestigian. Muchas veces las cabezas están más involucradas en la gestión de los gobiernos, y vemos que cuando un líder, que era organizador en su partido pasa a ser gobierno, todo el aparato organizativo  político  del partido se debilita.

 

¿La iglesia está cumpliendo algún rol en este proceso?

 

Nada. Más bien tiene un rol negativo.  Hablo de las élites, con las que ha habido mucha confrontación. Se ve un afán bastante lucrativo en las dirigencias de la iglesia católica. No están presentes en la Mesa de Concertación, ni la católica ni la evangélica. Incluso se ha debilitado todo lo que fue la Iglesia del sur andino, que tenía cierta presencia y vinculación con los problemas sociales. Pero sí hubo un caso en Sicuani, específicamente  sobre el conflicto de Majes: la iglesia de allí sacó un pronunciamiento. Pero en el Cusco la iglesia es vista como entidad lucrativa, se ve al  obispo como un administrador de los bienes de la iglesia y su boleto turístico. La iglesia evangélica tiene un compromiso más cercano con la sociedad y con los problemas, viene creciendo cada vez más, e incluso tiene candidatos que se están presentando para ser elegidos en distintos cargos públicos, y con un respetable apoyo de base. Los evangélicos están más cerca de la sociedad cusqueña, mientras que la jerarquía de la iglesia católica está cada vez más lejos. Pero hay comunidades cristianas, gente más de base que sí tiene un nivel de compromiso.

 

¿Qué rol cumple el cusqueño, el ciudadano? ¿Se compromete, participa? ¿Tiene una identidad regional?

 

Difícil. En realidad creo que luchamos mucho tiempo por la regionalización, y una vez que la hemos conseguido, como que  hemos caído en una laxitud. Nos es más cómodo decir  " que los gobiernos se encarguen", y no se está sosteniendo el movimiento. El movimiento regional  fue un movimiento fuerte en función a la demanda de la descentralización, pero ahora que hay regiones se ha debilitado. Lo que hay que hacer es comenzar a gestionar y no sabemos muy bien cómo hacerlo. Y si uno mira los encuentros entre Presidentes Regionales del Sur, por ejemplo, los resultados  son demandas al gobierno central, como que siguieran asumiendo que su rol de es de defender y reclamar y no de gobernar. Si ya hay una reunión de Presidentes Regionales, deberían tomar acuerdos de consenso, sobre  cómo viabilizar proyectos, o qué propuestas hacer. Todavía seguimos en la etapa de la demanda y la protesta.

 

La prensa, que podría ser un movilizador de la opinión pública, ¿qué rol está jugando en esta etapa?

 

En general lo que uno percibe es que la prensa no está jugando un rol  constructivo. No podemos negar que ha sido un gran observador  y ha denunciado muchos casos de irregularidades, que gracias a ella se han salido a  la luz. Pero vemos que cumplen más ese rol de denuncia que de propuesta, y ya  hay, creo, cierto cansancio en la población  frente a esta tendencia que no permite construir una identidad regional positiva, un colectivo optimista  con la posibilidad de aglutinarse en torno a ideales, con una esperanza de futuro.

 

Desde fuera nos ven algunas veces como a salvajes, especialmente porque las protestas son espectaculares y hasta vandálicas, pero no damos la talla en la propuesta consensuada y razonada

 

En el tema de Patrimonio eso es claro. Es evidente que lo destrozamos, lo ignoramos,  que no hacemos nada por cuidar en serio aquello  que acaloradamente defendemos de palabra. Allí hay una incoherencia muy grande. Las organizaciones empiezan planteando temas legítimos e importantes, pero luego que son desbordadas por una masa que lo que quiere es tomar la calle, apedrear.

 

En un comunicado que envía el presidente de la Cámara de Comercio, respecto a una de tantas movilizaciones, prácticamente señala con nombres y apellidos a los responsables de movilizar a la población casi con fines vandálicos. ¿Sigue siendo la izquierda más radical la que asume ese rol? ¿O hay un desbordamiento espontáneo y que nadie puede controlar?

 

Hay una presencia de izquierda radical, es evidente. Pero también hay una población descontenta y desconfiada, y cuando esta carece de líderes en los cuales confiar, como en el  caso Majes- Siuas, se les puede decir mil una cosas y no se las van a creer. Cuando no existe la dirigencia capaz de negociar y  gozar de credibilidad, es donde  surge el problema. Aunque en  muchos casos hay una dirigencia que lo que quiere es generar conflicto, ganar  protagonismo y aprovecharse de eso, y eso complica el problema. Pero  además  tenemos un Gobierno central  que mete a todos en un solo saco, que dice: “todo el sur es así”, sin distinguir que hay dirigencias, e incluso personalidades dentro de la propia población, que podrían jugar un rol de intermediación mucho más apropiado, con más credibilidad. Las declaraciones del Presidente García, por ejemplo, siempre son muy ingratas, y en de calmar las aguas por lo general echa más leña al fuego.

 

Nuestro nivel de liderazgo político no ha sido de los mejores, y su comportamiento ha ido de la mano con lamentables acciones, tanto a nivel local, como el caso de Marina Sequeiros, y los últimos gobiernos regionales....

 

Es verdad, se puede perdonar la ineficiencia, pero no la corrupción.

 

¿Estamos ante un panorama sombrío con respecto a la vialidad de los gobiernos regionales?

 

Yo no soy tan pesimista, creo que el tiempo va a ser más largo, pero la tendencia es positiva. Se van afirmando cosas y logrando consensos. Lo más riesgoso sería mirar hacia atrás. Lo más fácil sería que el gobierno central diga: no se pueden administrar, hay que volver a la caja central, y esto no va a ser más eficiente, porque tampoco el Gobierno Central es mejor en la administración y el gasto. Tenemos que insistir en el camino tomado. Se está  mejorando las cosas, si tu tienes un gobierno regional que empezó con treinta millones de dólares de inversión,  y ahora tenemos más mil millones, podemos decir que sí se está gastando, si está mejorando la inversión.

 

¿Cual crees que ha sido la mejor inversión del anterior Gobierno Regional?

 

Se ha invertido mucho en infraestructura educativa, aunque no calidad de la educación. Pero también es importante gastar en equipamiento e infraestructura, el asunto es que no corresponde a un programa determinado, se hace a pedido. Se han hecho pequeños colegios en diferentes localidades, y el monto de esta inversión ha sido importante. Pero insisto, no hay un estudio de cuánto de esa inversión está sirviendo para mejorar la calidad de la educación. Eso va a tener un impacto de acá unos años. También se ha invertido en irrigación, que es algo fundamental.

 

¿Qué podría adelantarnos de sus  estudios  sobre identidad en la macro región sur?

 

En general todos dicen que hay una identidad del sur.  El proceso migratorio es interregional, nos movemos dentro del mismo territorio, Arequipa, Moquegua, Puno, Cusco,  somos una región con bastante flujo comercial.  En la realidad, no es la historia, o la cultura lo que nos divide sino la desigualdades. Se mira con recelo a Arequipa, no porque sea blanca étnicamente hablando (además no es así), sino porque tiene más recursos y mayor calidad de vida, y existe ése temor de que Arequipa te coma, porque es una ciudad más grande, con mayor crecimiento. Me parece que se mezclan el la desigualdad económica con el problema de las identidades. Las identidades locales se refuerzan  ante la marginación. Un caso muy curioso es el de Andahuaylas y Abancay. Miras a ambos pueblos y son idénticos, ellos mismos dicen que son idénticos, pero como hay una pelea por el tema del presupuesto y Andahuaylas se siente marginado, esa desigualdad hace que su identidad local se refuerce. Entonces apela al discurso histórico, al pasado Chanca, que viene a ser una especie de refugio, contra el vecino Quechua abusivo. ¿Desigualdad económica  o lucha de identidades diferentes?

 

¿En el caso de Cusco el turismo ha tenido algún rol en este sentido?

 

Yo creo que sí. Con muchos riesgos.  Por  un lado intensificando identidades, y por otro distorsionándolas. El turismo te refuerza identidades, pero por otro lado te abre al mundo. Lo más complicado del turismo es hacer de la cultura un espectáculo, que la cultura ya no sea para ser vivida, sino para ser vendida hacia fuera. Eso es negativo ern un sentido, pero también vemos a muchos jóvenes que se ha afianzado en su cultura, a raíz de que otros la miran con admiración. Y también por supuesto se da el crecimiento cultural, la creación cultural. Son procesos complejos, y cuánto aprovechemos del turismo dependerá de nosotros y de cómo se gestione y administre.

 

 

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