Sociedad 2020

2011_resplandor-Vera-2Arte contemporáneo cusqueño

El Apu Edwin Chávez

Por: Vera Tyuleneva

 

Artículo publicado por la Revista Cusco Social No. 40, 2013.

 

Edwin_Chavez.portadaEn el horizonte artístico cusqueño, Edwin Chávez se divisa como un Apu, distinguido y reconocible de lejos. Por un lado, es el centro de todo un sistema solar: en torno a él se ha formado un círculo artístico que lo toma como referente; pero por otro lado, paradójicamente, es una figura solitaria.

 

 

 

 

Su arte está incrustado entre generaciones: ya no pertenece a las corrientes cusqueñas con fuerte sabor neo-indigenista, formadas en los 1960-70, que luego llegaron a su cenit a comienzos de los 90 durante la alcaldía de Daniel Estrada. Tampoco se puede adscribirlo a la pléyade recién emergida de artistas jóvenes, para quienes Edwin es un maestro y gurú. Se encuentra justo al medio.

 

 

 

 

Su pasión por los incas y por la cultura andina viene de su padre, uno de lDibujo-valichaos pioneros de la arqueología cusqueña, Manuel Chávez Ballón. Pocos saben que Manuel Chávez, además de dedicarse al estudio de la antigüedad, también hacía algunos experimentos artísticos y practicaba fotografía. Junto con los libros, fotos, dibujos y manuscritos, Edwin heredó de su padre un profundo interés por la iconografía prehispánica y una pasión por la investigación y el experimento. Pero en su caso, el lado creativo prevalece claramente sobre el lado científico. No se puede juzgar su arte muy severamente desde el punto de vista académico y didáctico: sus interpretaciones son demasiado libres y espontáneas para eso.

 

 

 

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El tema del glorioso pasado inca, que ha estado muy presente en el arte del Cusco hasta los años 1990, y que llegó a revertir en una especie de programa ideológico oficial, hoy en día provoca cierto rechazo entre los artistas. Muchos de ellos lo rehúyen declaradamente, o le dan un trato irónico. Pero no es el caso de Edwin, quien lo conserva y mantiene como una de las piedras angulares de su trabajo.

 

 

 

 

En principio, Edwin Chávez es un artista gráfico.

Su Edwin_Chavez4-valichaestilo de dibujo es inconfundible. Está con fuerza arraigado en la gráfica de los 1960-70, pero va mucho más allá gracias a sus atrevimientos técnicos y extravagancias conceptuales.

 

 

El dibujo convencional convive y se mezcla con frottage, collage y diversos tipos de impresión. Además, a diferencia de muchos otros artistas quienes valoran el lado manual, artesanal, palpable de la creación y tienen pánico a las nuevas tecnologías, Edwin en los últimos años con mucho éxito ha estado incursionando en los vastos campos de la gráfica digital.

 

 

 

Edwin_Chavez6-valichaPero sus experimentos no se limitan a dos dimensiones, sino cobran volumen, textura, consistencia (y a veces también olor), convirtiéndose en objetos e instalaciones. Para él no existen límites en el uso de materiales, técnicas, substancias y objetos. Decir “materiales reciclados” sería decir poco o nada. Lo que toque su mano, se convierte en arte:

periódicos viejos; afiches desfigurados por la lluvia; plantas vivas, secas y semi-podridas; carcasas muertas de televisores deEdwin_Chavez5-valicha antaño; placas de computadoras; niños manuelitos en estado de descomposición; trapos; recipientes con agua estancada; juguetes desmembrados; tuberías de plástico; obras de artistas amigos; platos descartables de tecnopor; restos mortales de animales difuntos; insectos vivos y activos, que incursionan con gran entusiasmo en ese jardín de las delicias.

 

 

 

 

Pero tres dimensiones tampoco le bastan a Edwin Chávez. De suma importancia para él y para sus obras es la cuarta dimensión: el tiempo. Muchas de ellas no son creadas para la eternidad, sino para cumplir un determinado ciclo vital. La procreación, la germinación, el crecimiento, la decadencia y la putrefacción son procesos lógicos y naturales dentro de su visión del arte.

Es por eso que le gusta tanto incorporar en sus trabajos elementos orgánicos. Una de sus substancias favoritas es la chicha, el antiguo brebaje sagrado. A Edwin le encanta bañar sus trabajos con chicha y observar el efecto a largo plazo. Es por eso que en su taller se puede encontrar una variedad de objetos recubiertos de una extraña costra color marrón, con el peculiar aroma.

 

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Las transformaciones a las que están sujetas sus obras, no son al cien por cien calculadas, ni calculables. Edwin las engendra y luego las deja ser; pero a menudo, como todo buen padre, sigue interviniendo en su vida. Si una obra le parece demasiado estable, la modifica violentamente hasta dejarla irreconocible. Registrar su producción resulta una tarea titánica: una misma pieza mañana no tendrá el mismo aspecto de hoy, y hoy es distinta de lo que fue ayer.

 

 

 

La obra artística más grande de Edwin Chávez es su Edwin_Chavez8-valichacasa en la calle Tres Cruces de Oro. Es de por sí una instalación que tiene aspecto de una pintoresca ruina, con múltiples rincones y recovecos de función incierta, misteriosos objetos colgados en el aire, balcones derruidos, plantas trepadoras y trastos (perdón, recursos artísticos), amontonados sobre todas las superficies medianamente horizontales y unos sobre otros. El elemento clave que integra la instalación son los amigos que vienen de visita, pues la casa de Edwin es muy concurrida. Se incorporan orgánicamente en el conjunto y le dan un toque dinámico.

 

 

 

Hace unos años, la casa de Edwin era un famoso lugar de reuniones. Cada segundo sábado ahí se preparaba comida y chicha, que en aquellas ocasiones no solamente servía para aderezar piezas artísticas, sino también para ser repartida entre los invitados. La mayoría de los que asistían a las chichas eran artistas de diversas especies y calibres: pintores, poetas, actores, escritores, y algún público de ciencias sociales; sin embargo, las puertas estaban abiertas para todos. Esas reuniones se han mantenido como tradición durante años y llegaron a volverse toda una institución, que recibió el nombre “Cofrecito” (donde se guardaban las joyitas, en alusión a la distinguida concurrencia).

 

 

 

La casa de Edwin congregaba, y sigue congregando, artistas de diferentes tendencias y TV-valicha1edades, especialmente a los jóvenes, disconformes con su familia, con la Escuela de Bellas Artes, con el sistema político, y simplemente disconformes, quienes ven en él a un maestro arquetípico. Sin ejercer el oficio de educación de manera formal, Edwin llegó a ser un guía y mentor para muchos artistas jóvenes, hoy ya relativamente conocidos: Braddy Romero, Natalia Lizárraga, Pachacutec Huaman, Gustavo Fernández, Xavier Cano, para nombrar tan solo algunos. Cada uno de ellos generó una personalidad artística propia, a ninguno de ellos se lo podría acusar de pasiva imitación; aún así en muchos casos se deja traslucir una clara influencia del estilo gráfico “edwiniano”, o alguna apenas visible partícula de su espíritu generador.

 

 

 

Al salir nosotros de esa casa, no dejamos de ser parte de la gigantesca instalación, al contrario, la extendemos hacia el mundo exterior, que es absorbido, reciclado y reordenado por ella: primero la calle Tres Cruces de Oro, con todas sus respectivas tienditas y mercadillos, luego la iglesia de Belén, el Mercado Central, la Plaza de Armas y el resto de la Ciudad del Cusco. De algún modo, toda nuestra galaxia termina girando alrededor de la casa de Edwin Chávez y formando parte de su proyecto artístico. Aunque ella, la galaxia, no lo sepa.

 

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