Sociedad 2020

javier-1Armando Guevara Ochoa: “la andinidad en su mejor expresión”

Una entrevista a Javier Echecopar

Por Patricia Marín

Cuando uno escucha “Vilcanota” de Armando Guevara Ochoa, nos transportamos a una dimensión distinta de la cultura cusqueña. ¿Cómo entender el legado de Guevara Ochoa?

 

Javier Echecopar, importante investigador,  músico de formación académica, empeñado en revivir el pasado musical peruano, así como de preservar su presente,  reencontró con  este cusqueño distinto,  en más de una oportunidad. A pesar de la edad y las opciones musicales, los acercaba muchas cosas. Ambos  académicos, compositores, intérpretes de su propia música y además directores de orquesta. Pero era la búsqueda lo que más los aproximaba.

 

¿Búsqueda de qué? De lo auténtico y personal, y de un “encuentro”, dice Echecopar. “En la música de Guevara Ochoa, está el huayno, incluso uno puede hasta cantar la letra, y es maravilloso; pero de pronto te encuentras con un Ravel, un Debussy y los pone muy bien. Logra un encuentro muy bonito. Uno puede ir buscando por mucho tiempo, pero lograr el encuentro es muy difícil; no solo ha tenido que tener talento, sino valentía. La andinidad estaba puesta en su mejor expresión”.

 

Ese “encuentro”, ¿tiene algo que ver con la “fusión”? A Echecopar no le gusta la palabra fusión cuando se trata de Guevara Ochoa. “Esa es una palabra manida,  barata. Prefiero hablar de encuentro, de diálogo”.

 

Como el diálogo que tuvieron Echecopar y Guevara Ochoa. Sus encuentros fueron breves pero intensos, conversaciones donde se ponía en evidencia  la importancia de la transcripción; del “qué te inspira y por qué te inspiras”. La importancia de la vivencia; de estar, digamos, en las fiestas patronales; de conocer a las personas e interesarse por ellas, y de dialogar musicalmente: un encuentro.

 

Pero ¿cómo ubicar musicalmente a Guevara Ochoa? Como estudioso de la historia de la música Echecopar conoce muy bien “el maravilloso archivo de San Antonio Abad, que junto con el de la Catedral de Lima, son los archivos más importantes de todo el continente americano,  incluso más importantes que los de México y Guatemala, que son más bien pequeños. Pese a su ‘enclaustramiento’ en el ámbito religioso, hasta la República,  en el Cusco era usado por los curas, y pienso que la pátina de ése conocimiento, de esa cultura, de ése refinamiento, dejó su huella en Guevara Ochoa (aún cuando  no estoy seguro que él  conociese a profundidad ese archivo)”.

 

“No cabe situar a Guevara Ochoa en el indigenismo”, aclara Echecopar, “su caso no se ajusta a esa denominación.  Yo diría que pertenece a una época de despertares, de atrevimientos. Que se arriesgara a tocar sus composiciones, fue un acto de lucidez y de valentía.  Conozco a músicos que han podido rescatar la esencia de nuestra música popular  y ponerla en una composición en un grado menor; pero Guevara Ochoa más bien la eleva. Lo cual es más difícil, ya que lo andino, a diferencia de lo criollo, está más alejado de lo europeo. Por ejemplo,  tenía muy claro  el manejo andino de los instrumentos, y eso ayudó considerablemente para que diera el ejemplo a la orquesta de cómo tocar la pieza con autenticidad.  Las orquestas todavía se rigen por los violines, y  siendo él violinista,  tomaba el violín y les decía: ‘mira, así no es en la música andina,  es así’. Y lo hacía con sabor y alegría contagiante. Y eso es vital, porque allí radica  el éxito o la desgracia, para que tu música sea interpretada  por la orquesta como tú la concebiste. Aún no se ha llevado mucho de la música criolla, ni negra, a la sinfónica. Pero sí la andina, gracias a él. Y conste que cuando digo sinfónica, no estoy hablando solamente de los instrumentos típicos europeos,  porque a una  sinfónica, además de los instrumentos típicos europeos tú le puedes incrementar  lo que quieras,  como han hecho algunos mexicanos con gran éxito. Allí aún hay mucho camino por recorrer”.

 

Guevara Ochoa, ¿fue entendido en su momento como un innovador, como una expresión espiritual de su tiempo? Aquí Echocopar, como siempre, es sincero y nada tímido: “Me da pena tener que contestar de esta manera: puede haberme influenciado a mí, y quizás a 10, 40 u 80, pero ¿eso es suficiente? Lo importante para que una influencia se haga efectiva, es que se difunda la obra del autor, que se la enseñe. Y para eso se requiere, en primer lugar, cambiar toda la currícula del Conservatorio; que se realicen más recopilaciones de Armando_Guevara_Ochoaobras y biografías de nuestros músicos, que se hagan grabaciones. Muchas veces me han invitado a enseñar en el Conservatorio, no he aceptado porque tendría que cambiarlo todo y eso trae muchas complicaciones.  Por otro lado, me hubiera gustado que la información de Wikipedia sobre Guevara Ochoa no fuera tan seca e incluyera un retrato de su personalidad. De otro modo no se puede conocer bien al personaje ni imaginar su obra. El era una persona muy simpática, buena, generosa, bonachona que, a pesar de tener una trayectoria importante, fue capaz de poner en uno de sus currículos a una ONG que debe ser pequeñita, llamada Hatun Huasi, porque le tenía cariño; y a mí me gustan ese tipo de reacciones porque  lo pintan de cuerpo entero. Guevara Ochoa era un señor”.

 

¿Pero cómo empezar la tarea del rescate? “Yo propondría que el alcalde del Cusco  y el presidente de la Región  tomen conciencia de la importancia de legado de Armando Guevara Ochoa, que fue un músico de altísimo nivel internacional, y hagan todo lo posible por promoverla. Por ejemplo, editando sus partituras. El propio Cusco ya lo hizo previamente, al editar esa biblia de partituras de varios de sus músicos más importantes. Además, ese tipo de iniciativas se contagia, y provoca la emulación, algo muy importante hoy pues el país está atravesando una etapa de amnesia, de flotación intelectual desde hace mucho tiempo, y una sacudida desde las provincias seria genial, y que eso lo haga el Cusco sería una maravilla, un tremendo  ejemplo.

 

 

 

 

 

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