Sociedad 2020

Ángela Ramos Pacheco

 

angela-ramos1Sus obras son como ella: tiernas y lúdicas. Mundo de juegos y realidades que se han convertido en un estilo, que denomina “meta-naif”, pues tiene escuela. Como todo artista moderno se expresa de diversas maneras: “técnicamente hablando, en un inicio fue mediante la pintura, porque es lo que estudié en Bellas Artes, pero después fui diversificando, hago instalaciones, fotografía, muñecos, diseño en computadora, infografías, etc.

” El mundo de la tecnología es ahora una condición cotidiana para todos y especialmente para los artistas, dominarlo trae muchas ventajas “…opté por el medio digital solo por razones prácticas. Es mucho más fácil probar un color en la computadora, que ponerle en una tela y luego darte cuenta que no es lo que querías”.

Niña con pulpito

Sin embargo, no son los costos los que definen en esta artista qué técnica o soporte utilizar, “es verdad que los materiales son caros si haces pintura, pero si te cotizas bien y mueves bien tu pintura se paga sola, y en Cusco se vende muy bien; yo he vivido un buen tiempo de la venta de mi trabajo mostrándolos en cafés, en centros culturales y mis clientes eran extranjeros en su mayoría”.

 

Aunque aún los cusqueños no se abren al consumo del arte contemporáneo, ya hay, sin embargo, quienes coleccionan la obra de los artistas locales, Ángela dice que “ellos compran mucha imaginería religiosa, les falta un poco de modernidad en este campo y aún no aprecian el arte contemporáneo que hacemos. Gusta mucho el arte popular que también es muy válido”.

 

La diversificación de espacios para la exposición y el hecho de trabajar constantemente ya le ha permitido a Ángela mostrar su obra: “he expuesto en Cusco y en Urubamba. Ya tengo dos muestras individuales, una en la Alianza Francesa y la otra en el Museo del Coricancha, y más de quince colectivas. Mi primera exposición fueron solo dibujos hechos en cuadernos y la curó Vera Tuleneva. La segunda exposición, también curada por Vera, fue una expresión más amplia de mi trabajo, pinturas, infografías, muñecos, dibujos, es decir, toda mi exploración sobre la ternura”.

 

Niño disfrasado de árbol

Aún en el siglo XXI no son muchas las artistas plásticas en Cusco, cuando estudió en la Escuela de Bellas Artes Diego Quispe Tito, sólo eran siete chicas en su promoción y no todas lograron graduarse. El problema dice “es que la escuela requiere una actualización; como es una institución autónoma, la administración es pésima y eso no está bien. Los egresados son muy pocos y salen estando en la nada. No te dan perspectivas claras sobre el comercio del arte y hay varios vacíos en la formación”. Sin embargo, recuerda con cariño a Mario Curasi, Richard Peralta y Juan Pacheco, quienes como profesores tienen apertura, distintos enfoques y enseñaban nuevas técnicas.

 

Como diría el historiador José Tamayo Herrera, el cusqueño es un gran copista y ,efectivamente, Ángela lo ha constatado: “cuando uno hace un cuadro y tiene algún éxito, al instante aparecen las réplicas y se venden en todas las tiendas de artesanía donde venden pinturas a turistas. Es increíble, lo hacen igualito y rápido”, señalando así los problemas de los artistas cusqueños. Sin embargo, el mercado es cada vez más propicio para ellos: “yo vendo relativamente barato comparado con otros colegas, por ejemplo, por una tela, de formato más bien mediano, en acrílico, he cobrado hasta cuatrocientos dólares; pero hay colegas que ese mismo cuadro con el mismo gasto de materiales lo venden a mil dólares, por ejemplo. Esto depende mucho, no tanto del valor de los materiales, sino de cómo el artista valora su obra; hay quienes le dedican muchos meses de trabajo a un cuadro, y claro eso tiene también un costo. En cambio, yo no le dedico tanto tiempo, a veces lo hago en una tarde”.

 

 

 

“ellos compran mucha imaginería religiosa, les falta un poco de modernidad en este campo y aún no aprecian el arte contemporáneo que hacemos. Gusta mucho el arte popular que también es muy válido”.

 

Su mano rápida materializa sus vivencias de infancia, el sabor de los cuentos y de todo de lo que va absorbiendo de la vida: “la idea o la sensación básica que quiero transmitir es la reivindicación de la ternura, apreciar todo lo bello como un niño”.

 

Niña montando su caracol

Aunque no hay todavía un "marchand" o una galería para la venta colectiva, Cusco se está convirtiendo en un buen mercado para el arte contemporáneo. “Es verdad que todo es más caro, pero para el arte todo va a estar mejor”, dice Ángela con la seguridad que le da la juventud y las ganas de seguir siendo una “niña” artista.

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