Sociedad 2020

Lisy_A propósito del libro: Cuzco - Buenos Aires, ruta de intelectualidad americana (1900 - 1950)

Por: Patricia Marín

¿Por qué te interesaste por la historia del Cusco en la primera mitad del siglo XX?

Hay épocas de la historia cusqueña a las que los historiadores les han puesto más énfasis. Lo prehispánico es muy fuerte, por razones obvias. Y luego la Colonia que también es muy importante. Pero creo que el Cusco se merece más investigación histórica de la que se ha hecho. Además, la verdad es que el Cusco ha sido mucho más estudiado por extranjeros que por los propios peruanos o cusqueños, fuera del libro pionero de José Tamayo Herrera Historia Social del Cusco Republicano, que data del año 78 y que despertó mucho interés en mí.

 

¿En qué áreas has enfocado tu trabajo?

He estado muy involucrada en el tema Patrimonio, en la historia del arte colonial, que es también una historia dejada de lado por los cusqueños. En la década de los 70, cuando yo hice una tesis sobre pintura cusqueña del siglo XVIII, prácticamente a casi nadie le interesaba el tema en ese momento, La UNESCO tuvo un gran programa de conservación de monumentos, que duró 10 ó 12 años, de donde me llamaron a trabajar porque yo era de los pocos cusqueños que se habían interesado en diversos aspectos del arte colonial, y de la escuela cusqueña exactamente.

¿Dónde te formaste y cómo te interesaste por estos temas?

Estudié antropología en la Universidad del Cusco, donde tuve profesores maravillosos como el Cholo Nieto, Alfredo Yepes Miranda, el Dr. Villanueva Urteaga, el Dr. Flores Ochoa, Oscar Núñez del Prado, Luchito Barreda, un lujo de profesores me dejaron la semilla y las inquietudes de varias cosas. Todo eso a uno la motiva. Comencé con el arte colonial a raíz de mi tesis, y luego pasé a la historia, porque uno se va preguntando varias cosas y quiere averiguar sobre ellas.

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El primer viaje que hice al exterior -y todavía tengo fotografías de ello-, fue a Buenos Aires, cuando tenía 5 años. Tengo una foto preciosa en el barquito que iba de Puno a Huaqui.

¿Cómo era el Cusco en la década de los 20? ¿Qué hacían los cusqueños?

 

 

Cusco era una ciudad muy pequeña. Imagínate que a principios de siglo, según el censo de Giesecke, que fue el primero que hizo un censo “científico”, no éramos más de 12 mil habitantes. El Cusco creció considerablemente desde 1950, a raíz de la migración que fue consecuencia del terremoto. Hubo mucho dinero para la reconstrucción que hizo el gobierno de Odria, y por eso hubo mucha necesidad de mano de obra y el Cusco cambió sustancialmente.

Los años 20, que las memorias de Valcárcel describen tan bien, fue la década de oro, desde el punto de vista intelectual. Cusco todavía era una ciudad muy pequeña, no tendría ni 25 mil habitantes. Cusco se había estancando económicamente, por ser una ciudad mediterránea. Por ejemplo, el viaje a Lima, era como el viaje del “Niño Goyito”, pues primero había que ir en carreras hasta Sicuani, luego en tren hasta Matarani, después en barco hasta Lima.

¿Cómo se vivía intelectualmente, ¿qué se discutía y entre quienes?

Tenemos antecedentes desde finales del siglo XIX con Clorinda Mato, y está la idea del indigenismo, puesto que en ese momento la sociedad estaba tremendamente estratificada. Estaban los arriba y los de abajo, y los de abajo eran los indígenas. Estaban allí como una lacra, según el concepto de muchos, pero según el concepto de los liberales era todo lo contrario, eran considerados la riqueza del país, pero posiblemente las élites gobernantes ni siquiera las veían. Bueno, Leguía hizo lo suyo, se dio cuenta del tema, pero por puro populismo, pues en el fondo no creía en él.

Para entrar en materia, el título Cusco Buenos Aires, Ruta de la intelectualidad de tu libro, es un título muy sugerente, pues hasta hace poco se pensaba en ésa ruta solo desde un punto de vista económico.

 

Cierto, teníamos a intelectuales preclaros como Uriel García y Valcárcel, por ejemplo, que tenían un gran vínculo con intelectuales argentinos y con importantes medios de prensa bonaerenses, como La Prensa y La Nación. Buenos Aires en ésa época era la capital de Latinoamérica por excelencia. Todo el mundo hablaba de Buenos Aires como el non plus ultra, y estos intelectuales tuvieron un gran espacio en esos diarios argentinos. Esto permitió que los argentinos conocieran el Cusco a través de las fotografías de Chambi, porque sus artículos iban acompañados por ellas.

¿Cómo comienza el tránsito por esa ruta?

 

 

Primero, en tiempo de los incas, con el Qhapaq ñan que es la ruta al Collasuyo. Luego, en la época de la Colonia, está la famosa ruta real sur, que iba desde Huancavelica hasta Potosí. Era una ruta clave para el tránsito de metales y por consiguiente para el enriquecimiento de todos los poblados del área. En realidad, era una ruta ya abierta, pues existía desde los tiempos incas. Entonces, iba por la Paz hasta Potosí, que está muy cerca de la frontera con la Argentina, por la zona de Salta y Jujuy. Y después, en el siglo XX, tenemos al ferrocarril Cusco-Puno, Puno-La Paz, la Paz-Huaqui, Tucumán y Buenos Aires. Una ruta que se hacía hasta los años 70 del siglo pasado, y que duraba más o menos tres días y tres noches. Un trencito que iba por toda la pampa argentina norteña, pasando por toda aquella zona que había sido del Tahuantinsuyo. En Salta y en Jujuy todavía hay gente que habla quechua, y se sienten orgullosos. Hay muchos nombres quechuas, porque el Tahuantinsuyo llegaba hasta el norte argentino.

 

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Uriel García y Valcárcel,  tenían un gran vínculo con intelectuales argentinos y con importantes medios de prensa bonaerenses, como La Prensa y La Nación.

¿Qué llevábamos hacia Argentina, y qué nos venía de la Argentina?

 

 

Bueno, desde el tiempo de la Colonia, había las famosas mulas tucumanas, pues el arrieraje fue una actividad importantísima. Eran los empresarios del transporte de la época, de gente y objetos. Por ese medio circulaba, por ejemplo, la riqueza artística. Mucho del arte colonial se hacía a pedido e iba por esa ruta. Por eso es que tú encuentras, en el norte argentino, pequeños templos en poblados muy simpáticos, con pintura cusqueña del siglo XVII y XVIII, todo llevado desde Cusco. Por otro lado, en el siglo XIX entran los tejidos ingleses vía argentina, y hay una afluencia comercial, un ir y venir de mercaderías, y en medio de ese ir y venir, también circulan las ideas. Cusco siempre fue una ciudad emblemática para todo intelectual, ya sea del siglo XIX o del siglo XX. Antes de que Machu Picchu fuera descubierto, o cuando todavía no era conocido por todo el mundo, los viajeros pensaban en Cusco como un ícono. Todo intelectual que tenía cierto nivel de conocimientos sobre el mundo -y los argentinos estaban en primera línea, en muchos momentos de su historia- tenían que venir a Cusco, sobre todo artistas, puesto que les llamaba la atención los artículos Cossío del Pomar, de García, Valcárcel y de algún limeño, como el Arquitecto Emilio Harth-Terré, que siempre fue tan dinámico en esto. Y así eran atraídos y decían: esto es lo que quiero conocer. Tan interesados estaban que se venían por tierra, a pesar que el transporte era muy precario.

 

¿Qué reflejaba ése intercambio?

Una ideología, una apreciación del momento, la que quería expresarse, como sucedió con el indigenismo y con el incanismo. Consideremos, por ejemplo, el caso de Sabogal, que vuelve a Perú de su estadía de Europa vía Buenos Aires, y entra a Perú por el Sur Andino, por Bolivia, hasta Cusco, y se percata, con la sensibilidad que tiene, que el indigenismo es una tema recurrente en todos esos lugares, que se trata de una veta muy importante y que no podía él estar ajeno a determinados problemas sociales. La gente sensible primero capta, percibe, y luego racionaliza. Estuvo en Tilcara, que es una población que queda en el norte argentino, donde hace contacto con algunos artistas locales, que quizás en el mismo Buenos Aires no tenían ninguna repercusión, porque estaban al margen (el norte argentino queda lejos de Buenos Aires, actualmente son como dos horas por avión hasta Salta, Argentina es un país muy grande geográficamente hablando), pero Sabogal se queda y se imbuye del romanticismo de estos poblados andinos.

 

Entones hay una continuidad geográfica y cultural, ¿cómo se refleja este paisaje en las artes gráficas?

Yo creo que es un intercambio de ideas e intereses comunes. El indigenismo fue un tema que interesó a los argentinos, pues proponía un sentimiento de identidad, un 'somos americanos'. En la argentina las migraciones europeas han sido muy fuertes y muy poderosas. Buenos Aires tiene rincones tan parecidos a Madrid, que si no escucharas el dejo argentino, pensarías que estás en Madrid. Hasta ahora tú ves a mucha gente muy a la europea, imagino que a principios de siglo era una mini Europa. Estaban siempre mirando a Europa por el Atlántico, al Pacífico le daban la espalda Pero la gente sensible, que razonaba sobre su real identidad, comenzó a mirar hacia America, y Cusco era un ícono de lo que significaba lo nuestro, lo propio, lo grandioso de ser latinoamericano, sudamericano. Y creo que para entender estas nociones, tienes que tener referentes icónicos, tienes que materializarlas, para que cuando quieras transmitir el conocimiento la gente tenga una idea de cómo sucede eso. Y así facilitar su transmisión a la gente.

 

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José Sabogal estuvo en Tilcara, que es una población que queda en el norte argentino, donde hace contacto con algunos artistas locales, y luego llega al Cusco.

¿Es en ese sentido que el libro recoge la expresión “estética inca”?

Inca, Incanista e indígena. Hay una cantidad de libros que son “decorados” con esta iconografía. Una investigación te permite conocer eso y es sorprendente el material que se encuentra. Esto lo han establecido quienes han estudiado la historia local cusqueña y de la región sur andina, y está presente tanto en revistas y periódicos, como en muebles, pinturas, joyería, arquitectura. Y en todo se muestra esta gran influencia incanista e indigenista, no como algo secundario, sino como una afirmación: ¡esto es importante y es en lo que yo creo! En fin son tantas las muestras que son inagotables.

 

Es decir, reconocerse a partir del Cusco como americanos.

 

 

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En los problemas étnicos eran muy distintos a los nuestros, pues en la Argentina no tenían una presencia indígena tan fuerte y con miles de años de cultura, ellos, para explicarse el ser americanos, entendieron que Cusco era el referente. Además, era la capital del Tahuantinsuyo, del que fueron parte en el pasado.

Y no solo para los intelectuales o historiadores…

No. Se trata de grupos amplios de personas muy motivadas, y es como si dijeran: “Esto es lo que pienso y por eso quiero ponerle a mi libro una borla que me remita al Cusco”. ¡A pesar de que vivan en Buenos Aires y tengan apellidos italianos!

Por nuestra parte, nosotros en el Cusco siempre teníamos un lazo muy grande con la Argentina, porque incluso en las décadas de los 60, 70 y 80, cuando los jóvenes cusqueños nos reuníamos, era para cantar sambas argentinas y 'matear', pues no faltaba un amigo que te traía yerba mate...

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Dr. Uriel García

 

Así es, muchos amigos, o hijos de los amigos, han estudiando en Buenos Aires. Los chicos cusqueños iban a estudiar medicina a la Plata, y así como algunos se quedaron, hay aquí una colonia importante de argentinos radicados en el Cusco, por matrimonio con cusqueños o cusqueñas.

Pero era más fuerte en la generación anterior. Nuestros padres todos han bailado tango, yo he conocido a Carlitos Gardel desde que tenía uso de razón. Nos conocíamos la letra de los tangos, y pasados los años uno los sigue tarareando. Así de cotidiano era también para nosotros las revistas argentinas. A la generación que ahora tiene 70 ó 75 años, tú les hablas de Billiken, o de El Agro, y te pueden comentar cómo eran las carátulas, y quienes las ilustraban además. Y la librería La Estrella, que pervivió hasta hace unos diez años, ubicada en la calle Plateros, distribuía esas y otras revistas.

Además, la Argentina tenía una política editorial sustancial, toda la colección Sopena de las grandes novelas, de la literatura clásica universal (yo todavía tengo en la biblioteca unos cuantos ejemplares con esta tapa amarilla dura, o con solapa), y casi todos los libros que llegaban a Cusco, fueron editados en Buenos Aires. Y si venía algo importado de Europa, era vía Buenos Aires, no vía Lima. Era una ruta tan larga, y sin embargo llegaban los periódicos en cuatro o cinco días. Pero de Lima, llegaban en un mes. Y no solo libros provenían de Argentina, sino música, cine, artistas, revistas para mujeres, moda europea, mucha de la importación de vajilla, telas, como cortes ingleses, loza inglesa. Hay muchísimo por investigar, la vida cotidiana europea llegaba a Cusco a través de Buenos Aires. Recuerdo artículos de lujo, como perfumes por ejemplo, que decían: “Paris, Nueva York, Buenos Aires”. Así decía la publicidad de los productos en las revistas. La influencia no venía por la ruta del Pacifico, sino por la ruta del Atlántico, vía el tren.

¿Has hecho la ruta?

Claro. El primer viaje que hice al exterior -y todavía tengo fotografías de ello-, fue a Buenos Aires, cuando tenía 5 años. Tengo una foto preciosa en el barquito que iba de Puno a Huaqui, con Camucha, mi hermana que falleció, y estábamos muy pequeñas. Mis padres gustaron siempre de Argentina, de Buenos Aires, y esos recuerdos influyen en uno. Hay otras razones, motivaciones personales, que son emocionales más bien que racionales que le llevan a uno hacer ciertas cosas. No todo es tan frío ni intelectual. Muy por el contrario.

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En esta aventura intelectual te acompañaron notables estudiosos argentinos…

Sí. A quienes convoqué por razones obvias. Ellos conocen tanto su país y también conocen el Perú muchísimo, porque vivieron en Cusco. El Arquitecto Ramón Gutiérrez y Rodrigo Gutiérrez Viñuales, que es un especialista en arte latinoamericano del siglo XIX y XX, vivió en Cusco y “mamó” muchas cosas, porque estuvo a los 7 ó 8 años. Ahora es un joven de 39 años, muy talentoso, y con él hicimos toda la ruta, desde Buenos Aires hasta el norte, porque él sí conoce todo, y tuvo la gentileza de acompañarme para que yo vea, in situ, todo lo que queríamos mostrar. Por eso es que pudimos hacer un trabajo de campo lindo, y por supuesto gracias al auspicio de la Universidad San Martín y su Facultad de Comunicaciones, que es un equipo que entiende un proyecto de investigación, y que apoyó generosamente, no solo la investigación, sino la publicación. Al Dr. Ismael Pinto, Director de Investigación de la Facultad de Comunicaciones, a quien le quiero agradecer por haber confiado en nosotros. Esta Facultad está liderada por el padre Johan Leuridan, quien es muy abierto a aceptar cosas que no están ligadas a la gente de su universidad, que ya es mucho decir en nuestro país. No todos tienen esa proyección social para la investigación. Gracias a ellos pude viajar a Buenos Aires por enésima vez.

Todo el norte argentino, la quebrada de Humahuaca, Salta, Jujuy, es casi como estar por el sur del Cusco

 

 

Para mí los Andes son los grandes motivadores. El norte argentino tiene ése paisaje. Lo que me impresiona es la continuidad cultural, estos límites políticos del siglo XIX, que ahora nos distancian tanto, me parecen tan absurdos, cuando podríamos estar integrados. Somos tan parecidos, en nuestras ideas, en nuestros deseos, pasamos por los mismos problemas, quizás los enfrentemos de diferente manera, pero tenemos tantas cosas en común, que no término de entender por qué los políticos no se proponen de una vez cambiar las cosas.

 

Me acabo de acordar de ésa samba que dice: “Paisaje de Catamarca, con sus distintos tonos de verde...” ¿No te recuerda Chinchero, en tiempo de lluvia, con los mil tonos de verde, tal cual dicen las sambas?

Efectivamente. Y Me he sentido feliz, me he sentido como en casa, y eso que hay unas diferencias terribles con los argentinos, comenzando con el acento nada más. Pero en el norte argentino son querendones, amorosos, son serranos pues. Y la gente te ayuda; tú le dices que necesitas alguna cosa, y ellos encantados. Si uno llegaba a la hora de almuerzo, porque hay pequeños pueblos donde los horarios son muy del pueblo, y todo es tan sencillo como tocar la puerta y decir queremos ver su casa, porque sabe usted que, etc. etc. La gente entiende lo que uno quiere, es menos aprehensiva, quizás porque tiene menos problemas de robos o cosas violentas. Son receptivos como era el Cusco hace muchísimos años, porque ahora somos una ciudad con los problemas de la gran urbe, pero sin sus bondades.

 

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La UNESCO tuvo un gran programa de conservación de monumentos, que duró 10 ó 12 años, de donde me llamaron a trabajar porque yo era de los pocos cusqueños que se habían interesado en diversos aspectos del arte colonial, y de la escuela cusqueña exactamente.

¿Hay alguna posibilidad de que esta ruta se reactualice?

Es una pena que el tren, que es una vía tan cómoda y tan linda, se haya cancelado. El tren que va de La Paz a Buenos Aires, dejó de funcionar hace algún tiempo atrás. Es verdad que era una ruta larga, e incómoda, era un trencito de principios de siglo XX. Y a finales del XX seguía así de lento. Pero los ferrocarriles eran un medio de transporte tan importante se hayan desactivado en Suramérica, y en Argentina tan fuertemente. Creo que fue un error quitar este medio, y eso cohíbe un poco, porque irte por carretera, a pesar que las rutas han mejorado sustancialmente nadie ya lo hace. La gente que va ahora por carretera hasta Argentina, va por Arica, sigue hasta Mendoza, cruza la cordillera, y la ruta ha cambiado totalmente. Entonces ahora, uno se pregunta qué ligazón tienen Cusco y Argentina, casi ninguna. No como hace casi un siglo, hacia los años 20.

Lo que coincide con la época más importante, intelectualmente hablando, del Cusco.

Fu la época de oro. Si bien se trataba de poca gente, pocos nombres, sin embargo han contribuido, no solo a la historia local andina, sino a la historia del Perú. Es una contribución que tampoco está puesta en valor debidamente, pero nosotros los cusqueños debemos hacerlo frente a la sociedad nacional, que a veces ignora. Pero creo que ahora las regiones están despertando un poquito, aprendiendo a valorar su propia historia, y este gran rompecabezas que es la historia del Perú, se irá llenando de a pocos. Puno, por ejemplo, tiene publicaciones que no trascienden, son solo locales y para unos cuantos interesados. Los estudiosos de la historia hacen investigaciones enormes, y que en muchos casos no aportan mucho, muy pocos ven que la historia se hace con la cotidianeidad.

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